Sermons
Lea, escuche y obedezca la Palabra de Dios.
Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. (Isaías 55:6-7)
Texto : 2 Corintios 1:3-11
Predicador : Pastor Daniel Jung (Jinyong Jung)
Introducción: La fuente del consuelo, el conocimiento de Dios
Al terminar el largo recorrido por el Catecismo de Heidelberg, el pastor recuerda que una fe saludable se sostiene sobre tres pilares: la doctrina (la verdad y la sabiduría de Dios), la experiencia (la comunión real con Dios) y la práctica (la vida de obediencia a la verdad). El punto de partida siempre es la doctrina, es decir, el conocimiento de Dios; sin ella, la experiencia se vuelve emoción vaga y la práctica, celo sin dirección.
La primera pregunta del Catecismo interpela: «¿Cuál es tu único consuelo, tanto en la vida como en la muerte?». En 2 Corintios 1:3, Pablo, en medio de un sufrimiento extremo, no se limita a clamar emocionalmente, sino que proclama quién es Dios: «Padre de misericordias y Dios de toda consolación». Ese conocimiento fue la fuente de su consuelo. El sermón repasa los tres temas del catecismo: miseria, redención y gratitud.
Desarrollo:
1. Nuestra miseria: Sentenciados a muerte (Parte I)
2. Nuestra redención: El Dios que resucita a los muertos (Parte II)
3. Nuestra gratitud: Una vida como canal de consolación (Parte III)
Conclusión: Vivos o muertos, aférrense a este conocimiento
El hilo del catecismo es el consuelo, y lo único necesario en la vida y en la muerte no es dinero, honor ni salud, sino el conocimiento de Dios. Pablo se levantó en la desesperación porque sabía que Dios es Padre de misericordias, Dios de toda consolación y Dios que resucita a los muertos. La fe (Credo) nos lleva a confiar en Dios que resucita a los muertos; el amor (Diez Mandamientos) nos lleva a consolar a otros con el consuelo recibido; la esperanza (Padrenuestro) nos hace mirar a Aquel que aún nos librará y orar junto con la comunidad.
El pastor exhorta a no guardar esta doctrina solo en la mente, sino a grabarla en el corazón y vivirla. Cuando lleguen la tribulación y la desesperación, hay que aferrarse a este conocimiento de Dios, y Él librará y usará a sus hijos como canales de consuelo para otros, como pertenecientes a Jesucristo, nuestro único consuelo.
2 Corintios 1:3-11
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación,
4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.
5 Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación.
6 Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos.
7 Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, estando ciertos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación.
8 Porque no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida.
9 Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos;
10 el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará,
11 cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos.