Sermons

Lea, escuche y obedezca la Palabra de Dios.

Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. (Isaías 55:6-7)

Resumen del sermón del domingo 18 de octubre de 2026

Texto : Nehemías 8:1-12

Título : Del llanto a la fiesta

Predicador : Pastor Daniel Jung (Jinyong Jung)

Introducción: Levantar el muro no es lo mismo que levantar al pueblo

Nehemías reconstruyó el muro de Jerusalén en cincuenta y dos días (Nehemías 6:15), y hasta los enemigos reconocieron que era obra de Dios. Pero el capítulo 7 es solo organización, listas y administración, y no hay lágrimas. El muro estaba en pie, pero el pueblo todavía no. Nehemías 8 es “un dedo que señala”: en Nehemías 10 el pueblo firmó un pacto, y sin embargo Nehemías 13 y Malaquías muestran que lo quebrantaron. Por eso necesitamos un Esdras mejor, un Nehemías mejor y un pacto mejor. La mesa de la Santa Cena tampoco la construimos nosotros: está puesta.

Desarrollo:

1. El avivamiento comienza cuando se abre la Palabra:

  • El pueblo lo pidió (v. 1): nadie lo convocó; el pueblo, “como un solo hombre”, pidió el libro. La primera señal del avivamiento es el hambre por la Palabra, y esa hambre es un don de Dios.
  • La Palabra se abrió larga y correctamente (vv. 3, 7-8): el pueblo escuchó de pie desde el alba hasta el mediodía, y los levitas leían, ponían el sentido y hacían entender. Esdras subió a un púlpito de madera para que la Palabra estuviera en alto.
  • Cristo, la Palabra hecha carne: en la sinagoga de Nazaret Jesús cierra el libro y dice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura” (Lucas 4:16-21). Él no solo trajo la Palabra, es la Palabra (Juan 1:14).
  • Él nos hace entender: en el camino a Emaús abrió las Escrituras mostrando lo que decían de Él (Lucas 24:27, 32, 45). Por eso preguntamos qué dice el texto acerca de Cristo.
  • Conexión con la Santa Cena: el pan y la copa fueron recibidos del Señor (1 Corintios 11:23); la Cena se sostiene sobre la Palabra, que es una Persona.

2. El avivamiento se profundiza cuando el Espíritu traspasa:

  • El pueblo lloró (v. 9): era el mismo libro de siempre, pero esta vez el pueblo se derrumbó. Esa diferencia no la produce el predicador.
  • El Espíritu es quien obra: el propio libro lo dice (Nehemías 9:20, 30; Zacarías 4:6). La capacidad de Nehemías levantó el muro; el Espíritu levantó al pueblo.
  • El Espíritu nos muestra a Cristo: convence de pecado y glorifica al Hijo (Juan 16:8, 14). Zacarías 12:10 lo resume: el Espíritu es derramado, miramos al que traspasaron y lloramos (Juan 19:37). Es el llanto ante la cruz: “Yo fui quien lo traspasó”.
  • El llanto no es la meta: los levitas hicieron cesar el llanto, pero no podían perdonar. Solo Cristo lo hace con autoridad: “Tus pecados te son perdonados” (Lucas 7:48, 50).
  • Conexión con la Santa Cena: el examen de 1 Corintios 11:28 no busca echarnos de la mesa, sino traernos a ella mirando al que fue traspasado.

3. La reforma se completa en la mesa:

  • El mandato de comer y beber (v. 10): a un pueblo que lloraba Dios le ordena fiesta, no ayuno. La “fuerza” (maoz) es fortaleza y refugio.
  • ¿Quién pagó el vino dulce? En Getsemaní la copa era amarga, la copa de la ira (Mateo 26:39; 27:34; Juan 19:30). Podemos beber lo dulce porque Él bebió la amarga. El contenido del gozo es un Salvador (Lucas 2:10-11).
  • “Los que no tienen nada preparado”: somos nosotros (Romanos 5:6, 8). Compartir es reflejar lo recibido.
  • La fiesta de los tabernáculos: restaurada en Nehemías 8:13-18 y cumplida cuando el Verbo “puso su tienda” entre nosotros (Juan 1:14) y gritó: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).
  • El acta firmada: el pacto de Nehemías 10 se rompió (Nehemías 13; Malaquías), pero Dios clavó el acta en la cruz (Colosenses 2:14). Ahora “esta copa es el nuevo pacto en mi sangre” (1 Corintios 11:25).
  • Corinto falló en esta mesa: allí uno tenía hambre y otro se embriagaba (1 Corintios 11:20-22, 33). “Enviad porciones” y “esperaos unos a otros” son el mismo mandato, fundado en que fuimos esperados.

Conclusión: La Palabra enciende el corazón, y al partir el pan se abren los ojos

Emaús reúne todo el sermón: la Palabra abierta, el corazón ardiendo y los ojos abiertos al partir el pan (Lucas 24:27-32). La Santa Cena no es un funeral; el arrepentimiento es necesario, pero podemos dejar de llorar porque hay Uno que bebió la copa amarga. Esta mesa anuncia la muerte del Señor hasta que Él venga (1 Corintios 11:26) y apunta a las bodas del Cordero (Apocalipsis 19:9).

Tres exhortaciones: llorar ante la Palabra mirando al que fue traspasado, no quedarse en el llanto porque Cristo perdona, y compartir con los que no tienen nada preparado el gozo recibido. “El gozo de Jehová es vuestra fuerza.”

Nehemías 8:1-12

1 Y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, y dijeron al escriba Esdras que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel. 2 Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. 3 Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.

4 Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema, Anaías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. 5 Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso en pie. 6 Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.

7 Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabad, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. 8 Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.

9 Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. 10 Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado, porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. 11 Los levitas por todo el pueblo callaban, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis. 12 Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a enviar porciones, y a hacer grandes alegrías, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.