Sermons
Lea, escuche y obedezca la Palabra de Dios.
Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. (Isaías 55:6-7)
Texto : Nehemías 8:1-12
Predicador : Pastor Daniel Jung (Jinyong Jung)
Introducción: Levantar el muro no es lo mismo que levantar al pueblo
Nehemías reconstruyó el muro de Jerusalén en cincuenta y dos días (Nehemías 6:15), y hasta los enemigos reconocieron que era obra de Dios. Pero el capítulo 7 es solo organización, listas y administración, y no hay lágrimas. El muro estaba en pie, pero el pueblo todavía no. Nehemías 8 es “un dedo que señala”: en Nehemías 10 el pueblo firmó un pacto, y sin embargo Nehemías 13 y Malaquías muestran que lo quebrantaron. Por eso necesitamos un Esdras mejor, un Nehemías mejor y un pacto mejor. La mesa de la Santa Cena tampoco la construimos nosotros: está puesta.
Desarrollo:
1. El avivamiento comienza cuando se abre la Palabra:
2. El avivamiento se profundiza cuando el Espíritu traspasa:
3. La reforma se completa en la mesa:
Conclusión: La Palabra enciende el corazón, y al partir el pan se abren los ojos
Emaús reúne todo el sermón: la Palabra abierta, el corazón ardiendo y los ojos abiertos al partir el pan (Lucas 24:27-32). La Santa Cena no es un funeral; el arrepentimiento es necesario, pero podemos dejar de llorar porque hay Uno que bebió la copa amarga. Esta mesa anuncia la muerte del Señor hasta que Él venga (1 Corintios 11:26) y apunta a las bodas del Cordero (Apocalipsis 19:9).
Tres exhortaciones: llorar ante la Palabra mirando al que fue traspasado, no quedarse en el llanto porque Cristo perdona, y compartir con los que no tienen nada preparado el gozo recibido. “El gozo de Jehová es vuestra fuerza.”
Nehemías 8:1-12
1 Y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, y dijeron al escriba Esdras que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel. 2 Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. 3 Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.
4 Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema, Anaías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. 5 Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso en pie. 6 Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.
7 Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabad, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. 8 Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.
9 Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. 10 Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado, porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza. 11 Los levitas por todo el pueblo callaban, diciendo: Callad, porque es día santo, y no os entristezcáis. 12 Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a enviar porciones, y a hacer grandes alegrías, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.