Sermons
Lea, escuche y obedezca la Palabra de Dios.
Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. (Isaías 55:6-7)
Texto : Filipenses 3:7-14; Proverbios 3:5-7
Predicador : Pastor Daniel Jung (Jinyong Jung)
Introducción: ¿Hacia dónde estamos corriendo?
Filipenses 3:7-14 y Proverbios 3:5-7 son dos textos de épocas y autores distintos que apuntan a una misma verdad: conocer a Dios y temerle. En una época agitada, que nos pregunta hacia dónde corremos y qué buscamos como lo más precioso, Pablo responde: “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor”, y Salomón: “Confía en el Señor con todo tu corazón”.
Ambos pasajes presuponen un mismo problema: la tendencia humana a vivir centrado en uno mismo, ya sea en la propia justicia, como el Pablo anterior a Damasco, o en el propio entendimiento. Por eso invitan a apartarnos de nosotros mismos y volvernos a Dios. El sermón examina tres verdades: qué significa conocer a Dios, qué significa temerle y cómo ese conocimiento y ese temor transforman la vida.
Desarrollo:
1. Conocer a Dios: no es solo información, es una relación personal
2. Temer a Dios: no es pánico, es asombro y adoración nacidos del amor
3. El conocimiento y el temor transforman la vida: el secreto de una vida que corre
Conclusión: Cada día de nuevo, hacia Cristo
El punto de partida de todo es que Cristo nos asió primero. Esto es consuelo, porque aunque estemos débiles o cansados, el Señor no suelta a quien sostiene; y es desafío, porque debemos responder con una entrega activa: olvidar lo que queda atrás, extendernos a lo que está delante y correr hacia la meta.
El pastor invita a soltar el pasado, sea de fracaso o de éxito; a confiar en Dios si estamos agotados, pues podemos llegar cansados y con preguntas; a dar el primer paso si hoy descubrimos lo precioso que es conocerle; y a los que llevan años en la fe, a no creer que ya llegaron, sino a conservar el hambre de conocer más a Cristo. Citando a San Agustín: “Nos hiciste para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Que podamos confesar con Pablo “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor”, y vivir confiando en el Señor con todo el corazón: hoy, mañana y cada día de nuevo, corramos juntos hacia Cristo.
Filipenses 3:7-14; Proverbios 3:5-7
7 Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, 11 si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.
12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
5 Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. 6 Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. 7 No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal.